Compañía del Salvador - Kalalé - Benín

Crónicas desde Kalalé – 5 Así vivimos el Domund

la “Avenida Mater Salvatoris” y las dos nueces de korá

Matthieu, el niño de siete años, hijo de ese hombre profundamente triste del que os hablamos en la crónica anterior, se encuentra fuera de peligro. Cuando el sábado 20 hicimos nuestro “pélerinage” por el Hospital de Parakou, vimos allí a toda la familia: todos estaban más tranquilos y el padre había perdido ese aire de tristeza que tanto nos había conmovido. Nos dio las gracias por nuestra ayuda y oraciones. También pasamos a ver a Epiphane, el hijo de Valentin. Saludamos a su madre, que nos dijo que, aunque continuaba con sangre en la orina, estaba mejor.

Salimos de Parakou después de recoger toda la amplia y valiosa documentación que la Hermana Rose, directora del Hibiscus de primaria nos había preparado. Paramos en Nikki, en el dispensario de las Hermanas Capuchinas. Allí estuvimos un rato con ellas mientras la mujer peulh, con sus dos gemelos, preparaba las cosas para subir con nosotras a Kalalé.

En el dispensario nos encontramos con Yousouf y su hija Mounira, oriundos de Kalalé, que venían del Hospital. Le habían dado el alta a la niña, que había estado con una anemia muy fuerte, similar a la de los niños de Parakou. La Hermana Gladys nos pidió que subiéramos a Mounira con nosotros, pues Yousouf, con su mujer y su hijo pequeño, se irían en moto. Íbamos como un taxi africano: detrás Mounira, las MM. Ana y Angélica con los gemelos en brazos; delante, la mamá peulh, la M. Valeria y el chófer. A la llegada a Kalalé, la abuela de los gemelos salió muy alegre a recibirnos, bailando y dando gracias a Dios.

Durante la cena, el P. Paul anunció que al día siguiente podríamos empezar con la catequesis de niños pequeños, pues él había pedido a Thérèse que fuera nuestra traductora. Aprovechamos la ocasión para preguntar si podríamos hacer algo de formación con las jóvenes, y el P. Saturnino, mostrando gran interés, dijo que en la Misa se les convocaría para que vinieran por la tarde.

Y llegó el domingo 21 de octubre, la Jornada Mundial Misionera. Las Madres Ana y Angélica se fueron con el P. Saturnino a la Misa de Bessassi, mientras la Madre Valeria se quedó por la catequesis de los niños pequeños y   aprovechó para anunciar en Misa el comienzo de las reuniones. El P.Paul las animó diciéndoles que era una gran oportunidad para ellas poder hablar con nosotras de sus inquietudes y preocupaciones.

Compañía del Salvador - Kalalé - Benín

La catequesis de los niños empezó con uno… ¡y terminó con veinte! Thérèse ayudó a la M. Valeria a traducir en boo, aunque la mayoría hablaban fulfulde… La técnica era ir despacito, preguntar de vez en cuando para comprobar que no perdían el hilo de la exposición, repetir, machacar… Terminamos aprendiendo una canción para cantársela a Jesús en la capilla el domingo próximo… ¡Fue un disfrute! La Madre Valeria está siguiendo el programa de las clases de Infantil de la Madre Basallo.

Cuando las Madres Ana y Angélica regresaron, aprovecharon para pasar por el terreno, que va viento en popa. El enfoscado de la fachada del muro está quedando muy bien. Llevamos a los obreros algunos refrescos y sokuru (una pasta hecha de ñame, que para los benineses es todo un manjar, la gran excelencia culinaria).  ¡Lo agradecieron muchísimo!

Por la tarde, la Madre Ana se reunió con las jóvenes para tratar temas de antropología y afectividad. Participaron diez jóvenes, entre ellas Aline, la hija de Marie Reine y hermana de Zacharies. La Madre aprovechó para informarles también acerca del curso de lectura comprensiva que tiene los sábados con las jóvenes.

Mientras, las MM. Angélica y Valeria fueron con Bene y el P.Paul a Neil Baba, pues al hermano pequeño de Tanko –una de las niñas mayores del Foyer- le imponían el nombre: Fermin. Nada más llegar, nos ofrecieron sokuru con una salsa muy picante y, nosotras, ¡allí que estuvimos con nuestros mejores modales al estilo africano! Para la fiesta, habían sacado un pequeño grupo electrógeno, con un equipo de música y unos altavoces. Hay que reconocer que nosotras preferimos el ritmo de los tambores y los cantos en fulfulde. Cuando llegó la madre con el bebé, el P.Paul comenzó el rito de la imposición de nombre. Al terminar la ceremonia, volvieron a invitarnos a comer arroz, espaguetis con una salsa muchísimo más picante que la anterior! Bueno, ya sabéis lo que le gusta repetir al P.Paul: ¡Tout pour Jésus! Salimos de la fiesta con nuestro “recuerdito” que consistía en una bolsita de akasá, que es una pasta de maíz.

De vuelta a Kalalé, durante la cena, nos enteramos de que Robert, el joven que ayudaba a los Padres en la Misión, se había ido ya a Parakou para comenzar sus estudios universitarios. ¡Y el P.Paul nos propuso tomar el relevo de Robert y organizar nosotras la hora de estudio que todos los días tienen los niños! Aceptamos encantadas.

Tanto la mañana del lunes como la del martes 23 tuvimos clase de fulfulde, un curso de nivel avanzado que imparte el P.Paul. La verdad es que todavía nos cuesta expresarnos en fulfulde, pero ¡lo intentamos con ahínco!. Leímos un documento de la vida de un peulh en el que relataba los sufrimientos que había vivido en sus años de estudio.

Por la tarde del martes, las MM. Angélica y Valeria siguieron con su clase de francés con Camille. Ella nos ayuda muchísimo y consideramos que es un regalo de Dios tener la oportunidad de que enseñe una maestra de origen francés. Sus orientaciones nos son de gran ayuda y valor.

Después de la clase, la Madre Ana y la Madre Valeria fueron andando al terreno porque el P.Saturnino se había llevado el coche a Cotonou para conseguir la placa definitiva de la matrícula. Nos alegró comprobar que habían echado un poco de arena en la “Avenida Mater Salvatoris”, un arreglo provisional, pero al menos ya no hay tantos agujeros como antes. En el terreno contemplamos, asombradas, que el enfoscado llegaba casi al final del muro de la fachada. ¡Estamos muy contentas con el trabajo que realizan los obreros!

El miércoles por la mañana fuimos a visitar a un nieto de maman Cécile que había nacido el jueves de la semana anterior. Es un niño grande, con mucho pelo; le van a llamar Warissou. Maman Cécile es una persona buenísima. Ella es la encargada de cuidar a los niños del internado de los Padres; entre esos niños también están algunos de sus nietos. Mientras íbamos a casa del nietecito de maman Cécile, un hombre nos avisó de que una peulh venía por detrás llamándonos: era la mamá de los gemelos. La niñita tenía temblores y le costaba respirar. Le dijimos que fuera al médico y que después nos informara del diagnóstico.

A la vuelta, la Madre Ana le dio la clase de español a Camille, que hace todos los deberes con gran precisión. Es perfeccionista y profunda. También llegó la mamá peulh para decirnos que a la niña le habían puesto una inyección, pero que el médico creía que lo mejor era llevarla al dispensario de Nikki. El P.Paul fue a informarse y al final la mamá peulh se fue en un taxi con otros pasajeros a Nikki.

Por la tarde tuvimos clase con los niños del Foyer: la M. Ana trabajó con los mayores; la M. Angélica con los pequeños y la M. Valeria con los medianos. Emmanuel, otro joven que ayuda a los Padres con los niños en el Foyer, va a asistir a las clases de la M. Angélica para aprender nuestro método de enseñanza y poder echar una mano. La idea se le ocurrió al P.Paul .

El viernes 26, después de desayunar, fuimos a ver a Anick y a Pilar Justine. De camino, pasamos por casa de Pierre y Marie Reine. También nos encontramos con Zacharie, que luego nos trajo unas fotos con modelos de puertas para nuestro muro. Llegamos a casa de Anick llevadas por un “angelito de la guarda”, un recién confirmado de la comunidad. ¡Pilar Justine está guapísima!

De regreso, vimos oleadas de musulmanes que se dirigían muy elegantes a la mezquita porque era la Gran Fiesta de la Tabaski, en la que se hace memoria del sacrificio de Abraham. Al llegar a casa, el Padre Saturnino traía nuestro coche con la placa, que tiene las iniciales AV.

Durante la mañana, la Madre Ana tuvo clase de lectura con Thérèse. A falta de libros, estaban trabajando la vida de santa Teresita del Niño Jesús, y, como ella no entendía bien el vocabulario del libro, la Madre le habló de lo que era una carmelita y otras cosas relacionadas con la vida religiosa. Era como una clase de la Madre Félix a la Madre Amigó, que empezaba por las matemáticas y terminaba por las cosas de Dios.

Las MM. Angélica y Valeria recibieron a todos los niños musulmanes que venían a pedir algún regalo, que es la costumbre por la fiesta. Los Padres les dan dinero y nosotras les habíamos comprado en Parakou paquetitos de galletas. Se ponían contentísimos cuando los veían, aunque algunos no sabían qué significa “compartir” y terminaban pegándose. Otros, en cambio, guardaban su parte para compartirla con los de casa.

Por la noche, durante la cena, nos llegó una invitación. Lo describo para que os hagáis una idea de las costumbres beninesas: un miembro de la familia de maman Cécile llegó y le entregó al Padre Saturnino una bolsita con caramelos y dos nueces de korá, una nuez que utilizan como invitación para alguna fiesta, ceremonia, o para hacer partícipes de una noticia. Con la bolsita nos invitaban a la imposición de nombre de Warissou, el nietecito de maman Cécile. Es una ceremonia musulmana, así que ya os contaremos en la siguiente crónica en qué consiste.

Crónicas desde Kalalé – 4 Pilar Justine, el Rey de Kalalé y Parakou

Anick la hija de Moïse, ha dado a luz una niña, preciosa, con grandes mofletes y muy parecida a su madre. Le llevamos un trajecito de color rosa que habíamos traído de Madrid. La niña nació a última hora del día del Pilar y cuando supimos que le habían puesto Justine porque no se les ocurría otro nombre, le preguntamos si quería que le pusiéramos el nombre de la Virgen, explicándole la importancia que la devoción a la Santa Madre de Dios tiene para nosotras. Ella, encantada, nos dijo que sí… y ¡ya tenemos a Pilar Justine entre los miembros de la comunidad católica de Kalalé!

            Hemos hecho grupos para trabajar con los niños. Camilla empezó con los medianos y la M. Valeria, con ella. La M. Angélica se hizo cargo de los más pequeños y la M.Ana de los mayores. Así estuvimos media hora y luego nos intercambiamos los grupos. Camilla trabaja con los niños la motivación a la lectura, la creatividad…, en un francés precioso. Es muy disciplinada y sabe cómo hacer que los niños guarden silencio: enciende una vela y ellos saben que, mientras esté encendida, no pueden hablar. En matemáticas estamos trabajando la formación de números.

            El domingo 14 de octubre, después de la Misa, una delegación de la parroquia asistió a la inauguración de la casa de Su Majestad el Rey de Kalalé. La casa se había construido gracias a la caridad de la Misión católica, y consistía en una sala redonda de unos cuatro metros de diámetro y otra pequeña habitación. Cuando llegamos, la fiesta ya estaba organizada. En una especie de hamaca, estaba recostado el Rey de Kidagperou, el más renombrado del Departamento Bourgou-Alibori. A su lado, estaba el de Kalalé.

            En varias esteras había muchos invitados sentados en semicírculo alrededor del Rey. En una esquina, unos hombres bailaban danzas tradicionales al ritmo de un tamtan sobre calabazas. Se ayudaban de anillos metálicos puestos en los dedos para aumentar la calidad del sonido. ¡Fue una pena no llevar la cámara para grabar!

            Después de haber saludado a toda la comitiva real, nos acercamos a la casa para hacer la oración. El primero en rezar fue un descendiente de los primeros habitantes de Kalalé, que, sentado ante la puerta trasera, lloró y emitió unos sonidos con los que invocaba a sus ancestros. El P. Satur nos dijo que era algo único. Después le tocó el turno a Théodore, un anciano muy respetado de la comunidad católica; hizo un discursito en boo. A continuación, el Padre Satur rezó un Padrenuestro y también dijo algunas palabras en boo. Siguió un representante de los evangélicos y, para terminar, un miembro de la familia real agradeció vivamente a la Misión, a Mon Père y a Ma Soeur, todo lo que hacen por el pueblo.

            Al regresar a la Misión, Matthieu, el chófer del P. Jesús, nos esperaba para llevarnos a Parakou. De camino, paramos en Nikki para dar a las Hermanas Capuchinas unas medicinas. Allí seguía nuestra amiga peulh; sus gemelitos estaban un poco mejor y su marido había regresado de Togo.

            Cuando llegamos a Parakou, nos dirigimos a la casa de las Hermanas Argentinas, que es donde nos alojamos. Allí nos esperaba la Hermana Isabel Barroso, dominica española, y Verónica, una voluntaria uruguaya que trabaja con las Hermanas. Nos acogieron con muchísimo afecto y nos presentaron a Valentin, que es el cocinero de las Hermanas.

            El lunes por la mañana nos encontramos con Corneil, nuestro chófer en Parakou, y nos dirigimos al Colegio Hibiscus Maternelle,  La Directora, correcta, nos acompañó a una clase de pequeños y dos de “Moyenne Section” (4 años). Este nivel está concebido casi como una guardería…

            Al llegar a casa, estuvimos “investigando” el funcionamiento de la lavadora, que tan vivamente nos habían ofrecido. Después de darle mil vueltas, metimos los hábitos, encantadas de poder lavarlos bien por una vez… pero el Señor nos quiere austeras y ¡a mitad de lavado se fue la luz! ¡Tuvimos que lavarlos a mano, que es lo nuestro!

            Al día siguiente, repetimos en Maternal, pero en la “Grande Section”, porque esa es la edad con la que vamos a empezar en nuestro Colegio. Las profesoras de estas clases aprovechaban bien el tiempo. Una de ellas no perdía ni un momento para trabajar el vocabulario y la expresión oral. Nos ofreció su ayuda para lo que necesitáramos.

            El miércoles 17 no había clase porque los profesores tenían una reunión interna que denominan “unité pedagogique”, así que fuimos a saludar al doctor Zinflou, quien nos dio prácticos consejos sobre cómo tomar las medicinas contra el paludismo. Al llegar a casa, la Hermana Isabel Barroso nos llamó para decirnos que Valentin no habría preparado la comida porque su hijo estaba en el Hospital con una anemia muy grave… Pues cuál fue nuestra sorpresa al ver a Valentin en la cocina y habiéndonos preparado sus especialidades: ¡quiche lorraine y filetes empanados! ¡Nos dijo que le hacía mucha ilusión…! Se lo agradecimos de corazón y le dijimos que pasaríamos a ver al niño por la tarde.

            Poco después vino a saludarnos el P.Paul. Regresaba a Kalalé después de haber estado unos días en Cotonou. Nos trajo el livre de bord del coche. Se irá a Roma en abril porque le han nombrado Delegado para la Asamblea General; después viajará a Madrid para otra Asamblea en España y, finalmente, a París para la Provincial de allí.

            El hijo de Valentin estaba ingresado en el Hospital Universitario, en una habitación con treinta personas más. El niño tiene trece años, pero está tan delgado que parece más pequeño. Le han dicho que estará allí unos cinco días, y en los dos primeros ya han tenido que pagar 40.000 fcfa, el sueldo de su padre. Después de visitarle, fuimos a comprarle unos zumos de frutas, hierro y vitaminas. En la tienda del libanés donde compramos los zumos nos encontramos con el P. Alejandro de Bembereké y sus dos diáconos. Parakou es como un gran pueblo y todos los cristianos que tienen relación con los misioneros se conocen.

            En el Hibiscus de Primaria nos recibió Soeur Rose, la Directora. Es muy amable, muy alegre y nos ha facilitado todo: registros, programaciones, peticiones de material a los padres… Hemos podido estar en diversas clases y nos hemos fijado en lo pedagógico. En una clase de primero estuvieron trabajando conceptos de cantidad (“poco” / “mucho”) con pajitas de colores, lápices y bolis. En las dos clases de preparatorio estuvieron haciendo interesantes ejercicios de lateralidad.

            El viernes 19 de octubre, cuando salíamos de hacer nuestra última visita al hijo de Valentin, un hombre profundamente triste se acercó a nuestro coche y se dirigió a Corneil en francés. Cuando le preguntamos qué le pasaba, nos contó que tenía un niño de siete años ingresado desde hacía quince días con sangre en la orina. Le habían hecho ya cinco transfusiones y había gastado 150.000 fcfa…, ¡que es muchísimo dinero! Pero seguían sin darle un diagnóstico. Llamamos a la Hermana Gladys, que nos dijo que el problema era demasiado grave para el dispensario; al doctor Zinflou, pero había que esperar hasta el lunes. Fue Soeur Cristina de Tanguietá, amabilísima como siempre, quien nos dijo que le podíamos enviar allí. Le ayudamos con unos medicamentos y le dijimos que le pagaríamos el autobús a Tanguietá para el niño y su madre. El señor pareció más tranquilo, pero se le veía perdido… Entramos a ver al niño, que estaba muy apagado, con los brazos hinchados a causa de los pinchazos para encontrarle la vena. La madre estaba allí con otro pequeñín en brazos. Llevaba una cruz en el cuello. Eran católicos: juntos rezamos un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Crónicas desde Kalalé 3 – Cantando en fulfulde… y otros idiomas varios.

El domingo 7 de octubre, festividad de la Virgen del Rosario, acompañamos al P.Paul a Péong para la celebración de la Misa.  Cuando estábamos pasando Kidagperou, el Padre se dio cuenta de que se había olvidado de coger la maleta-sacristía (que, por el aspecto que tiene, ¡creemos con bastante certeza que ha recorrido pueblos y pueblos desde los años de la II Guerra Mundial, por lo menos!). Así que tuvimos que deshacer nuestro camino y regresar a la Misión.

            Fue entonces cuando el Padre nos enseñó la segunda manera de llegar a Péonga, que es sin evitar los agujeros del camino… ¡Parecíamos una pelota de playa…! Pero conseguimos llegar a la pequeña iglesia, donde nos esperaba Jeremías, uno de los catequistas de más peso en la comunidad, bautizado y casado por la Iglesia. Vivimos una Misa sencilla y preciosa, respondiendo y cantando en fulfulde como podíamos, pero ofreciéndole al Señor esas almas a las que nos ha enviado.

            Volvimos a Kalalé y, por la tarde, vinieron los niños preguntándonos: “Où est mon père grand?” (“¿Dónde está mi padre alto?”). No entendíamos a quién se referían hasta que no señalaron el bungalow: preguntaban por Bene, quien, por su gran altura, les ayuda a coger las guayabas. Además, estaban excitadísimos porque el Padre Saturnino les había dicho que tenía para ellos una sorpresa, que consistió en dos mesas de futbolín, una para las niñas y otra para los niños. Las habían estado montado el Padre y Bene. Cuando los niños las vieron, ¡se les puso una cara como si hubieran visto un parque de atracciones! No sabían lo que era, así que el Padre les enseñó cómo se jugaba. Los niños aprendieron enseguida y estaban encantados; las niñas, no tanto. Les hicimos fotos para enviarlas a las personas de la Fundación Alaine, que es quien había financiado la ayuda. El Padre Saturnino había quedado con mamá Cecile en que fijaría un tiempo para dejarles jugar, y que de ese modo aprendieran que hay un momento para cada cosa.

            Al día siguiente, lunes, fuimos a la Escuela pública para hablar con el Director, pero no había ido. Los niños estaban allí, pero no tuvieron clase. Nosotras, después de comer, comenzamos con el refuerzo de la Misión: cada día cogeremos a dos niños y el viernes reforzaremos a los que más lo necesiten. Intentamos hacerles entender las matemáticas y el mecanismo de la lectura y de la escritura. Están muy acostumbrados a copiar de la pizarra, pero no a razonar. También notamos que el trato con nosotras, que nos acercamos a ellos de una forma a la que no están acostumbrados en el Colegio, les hace sentirse “más personitas”.

            El martes, cuando nos disponíamos a coger a los niños, el P. Paul nos avisó de que iba a entregarles las mochilas de la JMJ. Esta disponibilidad para cambiar de planes es uno de los ejercicios de ensanchamiento del corazón más comunes en la misión. ¡Allá nos fuimos, contentísimas, cámara en mano, para inmortalizar las caras de ilusión de los niños!

            Al final de la tarde conocimos al matrimonio que ha creado la Fundación Alaine. Vinieron con otros matrimonios para saludar a la gente de los pueblos en los que han ayudado a construir pozos y escuelas.

            Al día siguiente estuvimos en una reunión de padres de los alumnos de secundaria. Era buen momento para introducirnos en el mundo de la educación superior. Al más puro estilo beninés, todo comenzó con gran formalidad y protocolo. El Director hablaba en francés, un colaborador suyo iba traduciendo al boo, idea por idea… y terminó con los padres discutiendo en baribá. Nos gustó que agradeciera a los Padres de la Misión católica su gran ayuda y “lo que harán en el futuro por nosotros”.

            El jueves 11, comienzo del Año de la Fe, empezamos a leer, comentar y analizar el documento del Santo Padre Benedicto XVI Puerta de la Fe. Antes de las Vísperas, tuvimos el refuerzo personal con los niños.

            El día de la Virgen del Pilar, el Padre Saturnino ofreció la Misa por todos los españoles e hispanoamericanos. Al final, no pudieron faltar las “voces angelicales” de las Madres de Kalalé, que entonaron devotamente el himno a la Virgen del Pilar. Los miembros de la Fundación Alaine se unieron a la celebración. ¡La capilla de Kalalé es pequeña, pero acogedora y lugar de importantes celebraciones!

            Por la tarde llegó Lashida, la única niña del Foyer que quedaba por llegar. Estaba en Bouka con su abuela, que la trajo porque no paraba de llorar ya que quería venirse a la Misión. ¡Demos gracias a Dios!