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Crónicas desde Kalalé – 6 Seguimos contentas y dando gracias a Dios

Empezamos por contaros la ceremonia de imposición de nombre de Warissou, el nieto de maman Cécile, como os prometimos en la crónica anterior. Fuimos allí con el P. Saturnino, Bene y Pao, “hija” de maman Cécile. Al llegar a la casa, nos encontramos un cartel con esta inscripción: “Warissou os da la bienvenida”. Saludamos, y maman Cécile nos llevó al salón para invitarnos a comer ¡picante con arroz! Después estuvimos con los padres del niño, pues la invitación consiste en eso: llegar, saludar, comer y coger al niño como signo de que se le desea el bien para él y para su familia.

Poco después de mediodía, oímos a una niña que nos llamaba con insistencia. La Madre Ana intentaba comprender lo que la niña le decía en boo: su hermano pequeño estaba enfermo, muy frío, débil y pálido. Llamamos a la Hermana Gladys, el P. Saturnino habló con los padres del niño y se decidió llevarlo a Nikki. Al día siguiente, la Hermana Gladys nos dijo que tenía infección gastrointestinal, paludismo y anemia severa. ¡Con razón el pobrecito tenía tan mala cara!

El domingo 28, después de la Misa, las MM. Ana y Valeria se fueron a sus respectivas catequesis. La noche anterior habíamos estado preparando entre las tres, cada una “según el don recibido de Dios”, una canción para que la M. Valeria se la enseñara a los niños. A saber: la M. Ana sacó la música viendo la partitura del libro de cantos en francés; la M. Valeria escogió la canción y cantó a dúo con la M. Ana; y la M. Angélica cogió un tamtan para darle un toque africano. De este modo, ¡la Comunidad se transformó en una orquesta improvisada que alababa a Dios por la maravilla de su creación!

La Madre Valeria nos hizo degustar los famosos patacones venezolanos, que hicieron las delicias de los comensales

El P. Saturnino había anunciado al final de la Misa el comienzo de los juegos que Lea organiza con los niños los domingos por la tarde, pero desde poco más de la una empezó a llover torrencialmente. Así que Lea no pudo venir; creíamos que tampoco lo harían las jóvenes  de la reunión de formación, pero, aunque un poco tarde, acudieron cinco y estuvimos trabajando la diferencia entre sentimientos, inteligencia y voluntad.

El lunes 29 el P.Saturnino invitó a todos los sacerdotes y seminaristas del sector Nikki-Kalalé-Bouka-Pereré para conocer a los nuevos agentes de pastoral que han llegado este curso. La reunión consistía en una Misa y una “comida fraternal”.

La Misa se retrasó bastante por la copiosa lluvia del domingo, que hizo que proliferaran los agujeros de las carreteras. Los Padres tuvieron que ir a “rescatar” a los de Nikki, que se habían quedado atascados en el fango. La Misa  fue muy bonita: no es muy común ver a ocho sacerdotes concelebrando en la pequeña capillita de Kalalé.

El martes, a la hora de comer, el P. Saturnino nos pidió que fuéramos al comedor porque Bene tenía una buena noticia que darnos. Teníamos que estar todos reunidos para anunciarla solemnemente… ¿Mmmm…? ¿Será que va a entrar en la SMA…? ¿…? Cuando, intrigados todos, le pedimos que nos sacara de la zozobra en la que nos encontrábamos, Bene, en su mejor francés, dijo: On m´a donné une femme (“me han dado una mujer”). ¡Todavía entendíamos menos! Entonces, el P. Saturnino nos lo explicó: cuando los dos estaban a punto de salir hacia Basso, el Padre recibió una llamada telefónica urgente para que acudiera a casa de una mujer que, aunque está en silla de ruedas, viene todos los domingos a Misa. Cuando llegaron allí, se encontraron con que acababa de dar a luz, la placenta no había salido y se encontraba en peligro. Ella estaba casi desmayada y la niñita recién nacida acostadita en el suelo y con el cordón umbilical sin cortar… Rápidamente, fueron a buscar a las enfermeras del dispensario y, después, asistieron a toda la operación. Bueno, pues según la tradición boo, al primer extranjero que se presenta a ver a un recién nacido se le nombra “mujer” o “marido” de la criatura. Por eso Bene se convirtió en “marido” de la niña, cuyo nombre es Elena. Bene nos contaba con mucha gracia y con todo detalle lo sucedido. Le dijimos que en estos pocos meses de estancia aquí el Señor no le está privando de ninguna experiencia para que conozca a fondo la vida de un misionero.

El último día de octubre, miércoles 31, fuimos a Bembereké con el P. Saturnino para participar en el Rosario y en la Misa que organizan todos los años en honor a la Virgen María. Nos fuimos por la ruta de Inna para ahorrarnos los saltos del “spa gratuito” que nos ofrece la carretera Kalalé-Nikki. Tardamos cuatro horas en llegar al santuario de Nuestra Señora de la Paz, que llevan los Hermanos Franciscanos de la Inmaculada. Antes de regresar a Kalalé, fuimos a casa del P. Alejandro y allí nos encontramos con todos los misioneros de habla española.

Llegamos a Kalalé a la hora de la cena. Las carreteras son agotadoras y eso nos hace valorar aún más la entrega de los Padres y sus desplazamientos por el norte y por el sur extendiendo el Evangelio de Jesucristo hasta los confines del mundo según la vocación recibida del Señor.

El jueves 1 de noviembre celebramos la Solemnidad de Todos los Santos. En la Misa, el Padre Saturnino, como “anuncio parroquial”, contó el nacimiento de Elena y cuando dijo que Bene era “el marido”, éste se puso rojo  como un tomate y se echó a reír. Todos le miraban y se reían también porque es muy querido en la Misión. Los niños le llaman “el padre grande” y los adultos, tanto los boos como los gandó, “Dogo”, que quiere decir “muy alto”. Es amigo de media juventud de la parroquia y se recorre Kalalé entero con sus amiguetes. Y, al igual que San Ignacio, se encierra un buen rato en su bungaló para escribir su famoso “Diario” en el que, como él dice, “reflexiona sobre sus experiencias en la misión”.

Para festejar esta gran Solemnidad, la Madre Valeria preparó “torrijas kalalenses”. Sí, sí, no estamos en Semana Santa, pero todo dependía de los huevos que pusieran las gallinas, que no son muchos, no sabemos si por la falta de soja o por las operaciones que el P. Saturnino les hace a los gallos. Y por la tarde, reunimos a los niños del Foyer para proyectarles una película de Walt Disney (¡qué nivel!). Hemos pensado trabajar con ellos el vocabulario a través de películas y la “Boutique Dottiijo” nos ha facilitado algunas y una mini pantalla plana. Con eso, con nuestro ordenador y altavoces, ¡organizamos una estupenda tarde de cine! ¡Eran dignos de oír los comentarios que hacían los niños y dignas de ver las caras que ponían!

El broche de oro fue la exposición del Santísimo. Ahí, delante de Quien es la fuente misma de la santidad nos unimos a toda la Compañía para animarnos a no perder un punto de perfección que con la divina gracias podamos alcanzar y poder ser otro eslabón más de esta cadena de santos que la Virgen va formando a mayor gloria de Dios.



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