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Crónicas desde Kalalé 21. Los contrastes que vivimos por aquí

Estas últimas semanas han sido un no parar de gente que venía a saludarnos, a inscribir a niñas para el próximo curso, a pedir ayuda…

Como recordaréis, en la última crónica, la anterior a esta, nos quedamos en el primer día de la toma de medidas para el uniforme y la formalización de la inscripción. El segundo, debido al retraso de la costurera y del sastre, ¡hasta la M. Valeria tuvo que hacer sus pinitos en corte y confección!

La sobrina del sastre, que es católico, era una de las inscritas para la matrícula en el Colegio. Al preguntarle a éste por la ausencia de la niña, nos confesó profundamente compungido que su hermano no quería traerla para que no se hiciera católica. Al propio sastre, sus suegros quisieron quitarle a su mujer porque era católico, pero ella se negó. Estos episodios son frecuentes en un lugar de primera evangelización pero confiamos en que el amor que mostremos a sus niñas les haga perder el miedo.

En estos días también vino por casa Genéviève, la hermana de Robert, un joven católico de Bessassi que vivía en la Misión y daba clase a los niños durante nuestro primer año aquí. Está en el último año de Bachillerato y nos ha pedido si podríamos admitirla como profesora.

Esta afluencia de gente que viene al Colegio obedece a factores diversos, algunos tan simpáticos como el hecho de que el jefe de la obra está haciendo una propaganda descarada del Colegio. CP (Curso Preparatorio, equivalente a 1.º de Primaria) ya está cerrado y con algunos en lista de espera. Nos han traído alguna niña mayor y ¡¡hasta una niña de 13 años a la que nos da mucha pena no poder admitir!! ¡Quiera Dios que, con el tiempo, podamos ayudar a las niñas que empiezan su escolarización demasiado tarde!

El 90% de las niñas que tenemos inscritas son musulmanas y nos da mucha alegría que sus padres nos las confíen . Hace poco vino la madre de una de las niñas que se acercaba frecuentemente a la Misión para saludarnos. Es peulh y ya nos había comentado el P. Paul que ella es musulmana más ferviente que su marido, por lo que probablemente no querría traer a la niña al Colegio. Pero ahí estaba, una peulh pure, pure. Nos comentó lo mucho que le preocupa el futuro de sus hijas y su convencimiento de que con nosotras estarían muy bien. Nos explicó sus conversaciones con la mayor de sus hijas, ya preadolescente, y cómo le pide que sea niña, que espere a casarse para estar con un chico. Nos dijo que en su familia quedarse embarazada soltera era una vergüenza y que para ella abortar era un asesinato. Ella no quiere eso para sus hijas. Como esta ya no puede venir al Colegio, nos traerá a la pequeña. Y, si en algún momento organizamos algo para adolescentes, nos aseguró que su hija estaría con nosotras. ¡Nos impresionó ver cuántas cosas tenemos en común y qué criterios tan acertados tenía! ¡El Señor toca el corazón del hombre bueno en todas las religiones!

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Otra mamá musulmana protestó enérgicamente porque se había quedado sin plaza (¡a pesar de ser funcionaria!, argumentaba). Acabó diciendo que iba a rezar mucho para que alguien se diera de baja. Muchos de los habitantes de por aquí nos han comentado que aprecian mucho la palabra de Dios y que si no fuera por la presión social, serían católicos y encantados de que sus hijas lo fueran.

Nuestras queridas vecinas peulh también pasaron por aquí, unas para pedir ayuda, otras porque han inscrito a sus hijas. Una de ellas estaba encantada porque Ayssiatou iba a darle clase a su hija, ya que va a venir al Colegio y no habla una palabra de francés. Esta señora vino con otra bastante mayor y nos enteramos de que ellas dos y una tercera son co-épouses, es decir, comparten marido. Este compartir no siempre es fácil porque vamos viendo que normalmente hay alguna menos apreciada por su esposo y ellas, también aquí, lo sufren mucho.

Como preparación a la Semana Santa, los Padres organizaron un acto penitencial. Como esos días coincidieron con uno de esos periodos de vacaciones que tiene el sistema educativo francés y beninés, había bastante gente en la iglesia. Los bautizados se confesaron y no dieron respiro a los tres sacerdotes; los no bautizados se arrodillaban ante la cruz en un gesto de arrepentimiento. Los tres sacerdotes se confesaron entre sí y ese hecho asombró a los trabajadores católicos de la obra por la humildad que esto suponía.

Valentin, nuestro cocinero, es todo un personaje. ¡Hemos descubierto que no desperdicia un minuto para hacer apostolado con los kalalienses!! Se ha hecho muy amigo de Gounou y le está ayudando mucho en su camino de fe, pero, además, ¡es todo un defensor de la vida consagrada y no para de hablarles a sus vecinos de nuestra vocación! Lo que más le llama la atención es el cariño con el que tratamos a los niños. Su argumento es: “¿Tú has visto a tu mujer hacer eso alguna vez? Ellas no tienen hijos suyos y por eso tratan con tanto amor a todos los demás”.

Todos los obreros, pintores y carpinteros estuvieron muy motivados para dejar la capilla preparada para celebrar en ella la Semana Santa. Cuando empezamos a hacer las pruebas de la pintura, llevamos un día la talla de Cristo crucificado para hacer fotos y ver cómo quedaban los diferentes colores. En ese momento, había muchos trabajadores allí y todos ellos se quedaron paralizados cuando nos vieron llegar. Algunos decían: “¡Es Jesús!, ¡Es Jesús!”. Y los católicos querían cogerlo. Y todos, incluido algún musulmán, nos ayudaron con sumo cuidado a sujetarlo. ¡Son los contrastes que vivimos por aquí!



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