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Crónicas desde Kalalé 15 – Los Reyes Magos vinieron

Los Reyes Magos vinieron cargaditos de regalos.

Los primeros días de enero recibimos la visita de las Madres Vecino y Ana Zamorano, que llegaron precisamente el día 5 y, a no ser porque eran dos, podríamos considerarlas auténticos Reyes Magos: trajeron materiales para la futura biblioteca del Colegio; enseres para la cocina; la sacristía se vio enriquecida con cajas para guardar el cáliz, el copón, los purificadores y otros objetos para la liturgia… Pero lo que más ilusión nos hizo fue el sagrario: ya se ha hecho en el presbiterio de la capilla el hueco en el que se empotrará.

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La tarde del día 6 tuvimos la velada de Reyes con los niños. Les vestimos a todos de blanco con las franelas de Lérida y la Madre Ana se inventó una letra en francés para la canción Tan, tan, van por el desierto. Mientras tanto, los pajes preparaban los paquetes y regalos. Habíamos apagado las luces de la sala, todos entraron a oscuras y, al encenderse, ¡eran dignas de ver las caras de todos ellos! Las niñas recibieron peluches y los chicos, hormigoneras. Las jóvenes también tuvieron sus regalos. Como estaba clarísimo para todos que los regalos venían del Niño Jesús, todos nos pusimos a rezar delante del Misterio. ¡Fue realmente emotivo!

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La Madre Vecino se convirtió en esos días en ayudante de cocina de la Madre Valeria y ambas se intercambiaron recetas y ¡¡casi casi establecen allí un concurso de cocina de esos que están ahora tan de moda!! Al comentarle al P. Johnson nuestro deseo de que la Madre Vecino pudiera conocer alguna comunidad de los alrededores, el Padre se brindó amablemente y, al día siguiente, acompañados también por la M. Angélica, se fueron a Péonga y Neil-komboure. Allí tuvieron ocasión de ver cómo los Padres visitan a los habitantes de esos lugares, los atienden, se preocupan por ellos y les enseñan a rezar.

El viernes 10, la Comunidad de Religiosas menguó de manera notable: las MM. Vecino y Ana Zamorano regresaban a Madrid, y con ellas también se iba la Madre Angélica. Pero no hubo tiempo de pararse a pensar en ello, porque por esos días era el cumpleaños de la Madre Ana. El P. Johnson lo dijo al comienzo de la Misa y la noticia se extendió rápidamente por todo Kalalé: Maman Cécile dijo que enviaría a los niños de visita; los diferentes encargados de la obra vinieron todos juntos cantando “cumpleaños feliz” en francés y en fon, y con un ramillete de flores silvestres. Los niños vinieron por la tarde, cantando y vestidos con las franelas que les habíamos regalado. Rezamos delante del Niño Jesús y les dimos una piruleta en señal de agradecimiento. A la hora de la cena vino el P. Saturnino, que acababa de llegar de Cotonou.

Nuestro coche se ha convertido en el “primer autobús” de la ruta Kidaroukperou-Kalalé en ambos sentidos. Por las mañanas, cuando vamos hacia la Misión de los Padres, hacemos varias paradas recogiendo niños y jóvenes que se dirigen al colegio. A la vuelta, van subiendo todos nuestros obreros, que llegan antes a trabajar y tienen tiempo de hacer la colada o preparar la comida o asearse. Estamos en la estación seca, y en estos días el agua en Kalalé es un recurso escaso y preciado; por eso todos aprovechan nuestro pozo que, hasta el momento, cubre las necesidades.

A mediados de enero los niños y los jóvenes casi no han tenido clase porque se celebraba la Ganhi, que es la fiesta tradicional de la etnia Baribá, cuyo centro poblacional es Nikki. Por esa razón han venido a visitarnos varias jóvenes: unas vestidas con la franela que les habíamos regalado en Navidad y otras dos que querían estudiar español. ¡Nos gusta mucho que vengan a nuestra Casa en busca de ayuda! Hasta ahora, todas las reuniones son el comedor de la casa, porque al ser el único sitio de que disponemos, se convierte en “sala de usos múltiples”. La Madre Ana se encarga de supervisar sus deberes y orientarlas en sus estudios.

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La obra, gracias a Dios, sigue avanzando. Ya estamos con un pabellón del Colegio y se ha empezado la excavación para preparar la cimentación del internado. ¡Tenemos obreros por todos los rincones de la Casa y del terreno!

Hemos empezado a preparar, con gran ilusión, la visita que en verano nos harán los jóvenes misioneros de Madrid y de Venezuela ¡Unámonos todos en la oración para que dé buenos frutos, en sazón!

           



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