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Crónicas desde Kalalé 14 – ¡LAUS DEO!

la Compañía del Salvador ha abierto su Casa en tierras de misión!         

¡Diciembre ha sido mes de gozo grande para la Compañía, que ha podido recibir en su propia Casa al Niño Jesús! Una Navidad muy especial, una Navidad en tierras de misión.

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            El día 12 de diciembre, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, ultimamos los detalles antes de hacer la mudanza. Ese día fuimos a Parakou para agilizar los trámites que nos permitan tener el permiso de enseñanza y de apertura del Colegio Mater Salvatoris aquí, en Kalalé. Jacques, el concejal católico, nos puso en contacto con un familiar suyo al que todo el mundo conocía. Así que en todos los sitios nos trataron muy bien. Además, la persona encargada de los centros educativos se alegró mucho al saber que íbamos a abrir un colegio privado.

            La semana del lunes 16 fue la crucial. A principios de semana fuimos con Agustín –el hermano de Elí, cocinero de los Padres- a conocer a la señora que hace el pan a los Padres para hacerle nuestro primer pedido de pan. El martes 17 hicimos limpieza, pusimos en marcha el grupo electrógeno para conectar la nevera, instalamos la cocina de gas. Y por la tarde, nos trajeron el pan ¡recién hecho! ¡Fue la primera vez que pudimos invitar a beber agua en nuestra Casa, con un vasito que hemos comprado para estas ocasiones!

            El miércoles 18, Nuestra Señora de la Esperanza, empezamos a vivir en nuestra Casa. Por la mañana, Gounou nos ayudó a realizar el traslado de todos nuestros enseres. Y, ¡cómo no!, el P. Saturnino nos preparó comida súper gourmet. Comimos fenomenal y el P. Satur no paraba de repetir esta muletilla: “Esto que se lo lleven las Hermanas en un tupper, para que no pasen hambre”.

            Por la tarde, cuando ya estábamos algo más instaladas, las MM. Ana y Angélica se fueron a la Misión para traer al Señor Sacramentado. Cuando llegaron al terreno, cantando y rezando, tanto los obreros como las personas que encontraron a su paso, guardaron respetuoso silencio y se mostraron muy receptivas. Fue muy bonito y sencillo: las tres estábamos muy contentas y consoladas de poder recibir al Señor en nuestra Casa. Sobre una mesa, en el primer sagrario de la Compañía de Kalalé –prestado por los Padres SMA-, y junto a una pequeña imagen de la Virgen Mater Salvatoris, alabamos y adoramos al Señor Sacramentado cantando a pleno pulmón “De rodillas, Señor, ante el Sagrario”. Por la noche, antes de comenzar Completas, la Madre Ana nos leyó la carta que la Madre Félix escribió el 22 de diciembre de 1946, desde Barcelona, a las Hermanas de Madrid:

      Me da consuelo pensar que este año será saludado, adorado con toda reverencia, con ternura infinita el Divino Niño en otro sagrario de la Compañía.

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¡Con qué gozo y reverencia escuchamos esas palabras! Era la voz de la Madre actualizada, revivida. Era poder materializar uno de sus grandes anhelos: dar a conocer a Jesucristo en toda la Tierra. ¡Dios cuida con amor de Padre a esta mínima Compañía!

Quisimos celebrar con los obreros la mudanza y para ello la Madre Angélica preparó una presentación con fotos que mostraban la evolución de la obra desde sus comienzos. Todos comimos arroz con pollo. La presentación fue motivo de grandes risas cuando se reconocían y se veían. Decidimos que terminaríamos la tarde con una foto de grupo y, entre que era de noche y todos son del mismo color que la noche, no se veía nada en la foto, ni con el flash. A la M. Angélica se le ocurrió decir “tout est noir” (“todo está negro”) y la carcajada fue general.

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El día 24, por la mañana, decoramos los todavía pocos rincones habitables que tiene nuestra Casa para darles un ambiente navideño. Por la tarde, vino Marie y ayudó a la M. Ana a decorar la capilla y colocar el Niño Jesús. Nosotras preparamos lo mejor que pudimos nuestro “pesebre” interior para acoger al Salvador del mundo. Luego, nos fuimos a la Misión para la Misa de Nochebuena, en la que los jóvenes cantaron con gran entusiasmo. Esa noche de Navidad, los Padres, auténticos misioneros, se dispersaron por los pueblos de los alrededores de Kalalé. Solo el P. Johnson, SMA, se quedó para celebrar en la parroquia. A la comunidad de aquí se unieron los fieles de Kidaroukperou y de Nassikonsi.

El día de Navidad, por la tarde, el comité de jóvenes organizó una fiesta para los niños. Estando en la Misión, recibimos una llamada del P. Saturnino en la que nos pedía que fuéramos a nuestra Casa, que nos esperaba allí: y, efectivamente, allí estaba con un cerdo para “que no pasáramos hambre” y un pollo para el guardián. ¡Qué edificante es la generosidad del Padre!

A lo largo de estos días se han ido uniendo a nuestra alegría por la apertura de nuestra Casa las otras Comunidades religiosas de la zona. Y también han venido a visitarnos nuestros queridos kalalienses: Aysiatou, Emmanuel y su mujer, Maman Cécile y los niños, Aline… A Zacarías fuimos nosotras a visitarlo, pues sufrió un leve accidente de moto.

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El día 28, la M. Angélica estuvo con Zouliathe en la Misión y, al preguntarle cómo había vivido la primera Navidad de su vida, le contestó con cara radiante que “solamente adorando a Jesús nuestro corazón puede cambiar. ¡Tengo el corazón lleno de alegría!”. Y no paraba de agradecer a Dios que hubiéramos ido a Kalalé, pues hemos sido su instrumento para poder conocerlo.

Y, para no quedarnos nosotras esa alegría, hemos repartido algunos detalles de parte del Niño Jesús a las personas que más en contacto están con nosotras, ya sea en la Misión, ya en la obra: a los Padres, Aymar, Zacarías; al jefe de los obreros y a sus hijos; a Adamou, su mujer y sus hijos; a maman Cécile… A todos los invitábamos a pasar a la capilla para dar gracias a Jesús. Su fe sencilla y agradecida nos emocionó: Gounou, alto y grande como un árbol, se arrodilló delante del Niño Dios y, cogiéndolo con sus manos grandotas y encallecidas de labrar, le dio un beso en signo de adoración; los niños de Adamou le cantaban con una sonrisa de oreja a oreja.

La noche del 31 también fue especial: la Madre Valeria renovó aquí en Kalalé su profesión temporal, acompañada de esta mínima Comunidad de Hermanas. Después, Gounou vino para llevarnos a la Misión, donde se había organizado una velada de oración para recibir el Año Nuevo. Allí nos encontramos con un buen número de jóvenes, niños y fieles que, sin galas ni pompas vanas, llegaban y se arrodillaban delante de la custodia para adorar al Señor. Al acabar, el P. Johnson nos dio la bendición.

El día de Año Nuevo las novicias y junioras nos dieron una gran sorpresa: ¡¡nos felicitaron el año desde Madrid con un canción a la Virgen en francés!!

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Y el día 2 la Madre Ana salió para Cotonou. Las MM. Valeria y Angélica se quedaron preparando la Casa para recibir con mucha alegría a las MM. Vecino y Zamorano.

El Padre Saturnino, con el buen humor que le caracteriza, nos dice que, así como el perro de las Hermanas de San Agustín, cuando alguien llega a su casa, ladra diciendo “Oui, ma Soeur”, el nuestro, si algún día lo tenemos, dirá

¡A.M.D.G.!”



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