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Crónicas desde Kalalé 1 – Septiembre: la vuelta a estas tierras africanas.

De nuevo estamos en tierras africanas, al servicio de Cristo y para anunciar el Evangelio. Sabéis que aquí, en Kalalé, estamos tres religiosas: Madres Ana, Angélica y Valeria. El vuelo que, vía París, nos dejó a mitad de septiembre en Cotonou estuvo aderezado de muchos ingredientes, de los cuales el más importante fue Benedikt, alemán, muy alto y muy educado. A sus dieciocho años, y antes de empezar sus estudios en la Universidad, ha decidido tomarse un “año sabático misionero”.

            En julio, antes de volver a Madrid, habíamos dejado encargado el coche. Al llegar a Cotonou, lo recogimos, lo aseguramos, aunque no conseguimos que nos dieran la matrícula definitiva.

            El Padre Paul, francés, sacerdote de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA), con gran experiencia misionera en Benín, pues lleva allí muchos años, vino a saludarnos y nos comunicó que estábamos invitadas a la inauguración del Hospital de N´Dali.

            Hago un inciso para ilustraros sobre dónde estamos y cómo nos movemos: Benín es un país alargado en dirección norte-sur. Aunque la capital es Porto-Novo, casi todo el tráfico aéreo se hace vía Cotonou, que está en la costa atlántica. 418 kilómetros al norte se encuentra Parakou, otra de las ciudades importantes del país, en el departamento de Borgou. Y 60 kilómetros más al norte está N´Dali, que es la diócesis a la que pertenecemos. Kalalé está a casi otros 100 kilómetros al noreste de N´Dali, Monseñor Martin Adjou, nuestro obispo, reside en N´Dali y fue él quien presidió la misa de inauguración y bendición del nuevo hospital Padre Pío.

            Otros lugares importantes a los que acudimos con frecuencia y que, lógicamente, aparecerán en estas cartas que os escribimos para que sepáis de nosotras, son:

  • Nikki, que es donde está el dispensario médico que dirigen las Hermanas Capuchinas; a la Hermana Gladys acudimos siempre que alguien se nos pone enfermo y siempre nos atiende con prontitud y eficiencia.
  • Bembereké, misión de la diócesis de Asturias que lleva Don Alejandro, sacerdote diocesano asturiano.
  • En el término de Kalalé, los principales poblados son Derassi, Bouka, Péonga, Dounkassa, Basso.

La carretera solamente está asfaltada hasta N´Dali, y, tanto en este trayecto como en el resto, que es de tierra, hay bastantes agujeros, con lo que desplazarnos de un lugar a otro puede llevarnos muchas horas.

Al llegar a Kalalé, lo primero que hicimos fue saludar a los de casa. Sabéis que estamos en la Misión de San Pedro, formándonos como misioneras con los sacerdotes de la SMA (Sociedad de Misiones Africanas). El Padre Satur, que es de Madrid, instaló a Benedikt (en adelante, Bene) en el bungalow y nosotras fuimos rápidamente a ver cómo estaban las obras de construcción del muro que rodea el perímetro de nuestro terreno. Estaban terminando el tercer lado.

Ese primer domingo aquí (23 de septiembre) nos quedamos en Kalalé para saludar a toda la comunidad en la Misa de 9.00.

También saludamos a Camilla, una chica francesa de padres argelinos que este año se quedará en Kalalé y quiere organizar talleres de lectura con los niños de la escuela y de la Misión. También dará clase de francés a las MM. Angélica y Valeria a cambio de recibir ella clases de español. Es una chica muy activa y comunicativa,  simpatiza mucho con los todos los misioneros.

Al día siguiente, lunes, vino a visitarnos Alquía, una de las niñas peulh. Era su cumpleaños y le dimos una pulsera de las que se prepararon para el día de las familias de Lérida. ¡Le encantó porque es muy coqueta!

Nuestra primera visita a los poblados la hicimos con el Padre Satur y Bene. Los sesenta kilómetros hasta  Banagbassó, al norte de Kalalé, nos llevaron dos horas porque la carretera era un auténtico barrizal, hasta el punto de que ellos dos tuvieron que entrar en un enorme charco para ver si podíamos pasar con el coche. La finalidad de la “excursión” era saludar a una familia de la comunidad católica. Estábamos en medio de ninguna parte y el Padre empezó a tocar el claxon. De pronto, de entre las varas de maíz, salió un hombre: era el padre de la familia y catequista en varios pueblos de los alrededores. Nos mostraron su enorme campo cultivado con mijo, maíz, algodón y cacahuete. Los peores enemigos que tienen son los monos, que levantan las raíces para comérselas. Uno de sus hijos, azada en mano día y noche para cavar, había aprobado el Bachillerato: ¡era el primero que lo lograba en el pueblo! Descubrimos –y entendimos- entonces el verdadero sentido y finalidad del viaje a Banagbassó: el Padre Satur quería que lo felicitáramos. ¡Son los detalles del buen pastor!

De vuelta, nos tocaron otras dos horas igual de apasionantes. Pero como dice el Padre Paul “¡Tout pour Jésus!”.



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